La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento saludable como “el proceso de desarrollo y mantenimiento de la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez”.
La capacidad funcional es todo aquello que nos permite ser y hacer lo que es importante para nosotros: movernos con autonomía, mantener relaciones sociales, tomar decisiones, sentirnos útiles y disfrutar de la vida.
Envejecer de forma saludable no significa simplemente no tener enfermedades. Implica conservar la funcionalidad física, mental y social el mayor tiempo posible. Sin embargo, este proceso no es igual para todas las personas. El sexo biológico y el género influyen de manera significativa en cómo envejecemos.
¿Por qué mujeres y hombres envejecen de forma diferente?
En ambos casos, los factores biológicos —como los cambios hormonales o la aparición de determinadas enfermedades— influyen en el proceso de envejecimiento. También coinciden en algo fundamental: una alimentación adecuada, la práctica de ejercicio físico y la estimulación mental son pilares básicos para mantener la salud con el paso de los años.
Pero las diferencias biológicas y los roles socioculturales asignados a mujeres y hombres hacen que existan necesidades, barreras y oportunidades distintas en relación con la salud.
En el caso de las mujeres
Las mujeres presentan una mayor esperanza de vida, pero también una mayor carga de enfermedades crónicas y mayor dependencia funcional en edades avanzadas.
A esto se suma un factor importante: el rol tradicional de cuidadora. Muchas mujeres han priorizado durante décadas el cuidado de otros frente al propio, dejando en segundo plano el tiempo para el ejercicio físico y el autocuidado. Esto influye en que, en general, sean uno de los grupos más inactivos físicamente, reduciendo así los beneficios protectores del ejercicio frente a enfermedades cardiovasculares, metabólicas o musculoesqueléticas.
Además, la falta de apoyo social en algunas etapas de la vida dificulta la práctica de ejercicio en grupo, cuando precisamente la actividad compartida mejora la adherencia y potencia sus beneficios físicos y emocionales.
En el plano emocional, la insatisfacción corporal puede acompañar a muchas mujeres durante toda su vida, e incluso intensificarse con la edad. Esto puede generar angustia, aislamiento o conductas poco saludables como dietas muy restrictivas o procedimientos estéticos de riesgo.
Sin embargo, también es cierto que cada vez más mujeres aceptan el envejecimiento como una etapa natural de la vida. Y hay un dato muy positivo: suelen presentar mayores niveles de optimismo, un factor protector asociado con menor riesgo de enfermedad y mortalidad relacionada con la edad.
En el caso de los hombres
Los hombres, en general, presentan menor esperanza de vida, aunque suelen llegar a edades avanzadas con mejor salud física y menor dependencia funcional.
Suelen mantener mayores niveles de actividad física y estabilidad económica. Sin embargo, tras la jubilación puede aumentar el aislamiento social, ya que muchos vínculos estaban ligados al entorno laboral. La participación en actividades culturales, deportivas o intelectuales es clave para mantener su red social.
Socialmente, el hombre ha sido asociado a roles de protección, seguridad y poder. Esta visión puede influir en cómo vive el envejecimiento, a veces con mayor insatisfacción ante la pérdida de rendimiento físico o autonomía.
Factores que influyen en el envejecimiento saludable
El envejecimiento no depende solo del sexo. Intervienen factores genéticos, conductuales y sociales, así como las experiencias acumuladas a lo largo de la vida.
Entre los aspectos que más se relacionan con un envejecimiento saludable encontramos:
- Alimentación equilibrada
- No fumar
- Mantener un peso saludable
- Actividad física regular
- Estimulación cognitiva
- Bienestar emocional
- Relaciones sociales activas
En definitiva, adoptar un estilo de vida activo y mentalmente estimulante mejora no solo la supervivencia, sino también la calidad de vida.
Envejecer bien es un proceso, no una casualidad
Mujeres y hombres afrontan desafíos distintos en la vejez, tanto en salud como en calidad de vida. Comprender estas diferencias nos permite diseñar estrategias más adaptadas y personalizadas.
El envejecimiento saludable no consiste en detener el paso del tiempo, sino en vivir cada etapa con la mayor autonomía, bienestar y dignidad posibles.
Porque envejecer es inevitable. Pero cómo envejecemos, en gran parte, depende de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida.